Sarayaku vuelve a hacer historia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos

Quito, 23 de junio de 2026

El Kawsak Sacha (Selva Viviente) llega al máximo tribunal de derechos humanos de las Américas

El pasado 18 de junio de 2026, el Pueblo Kichwa de Sarayaku volvió a marcar un hito en la historia de los derechos humanos, los derechos de los pueblos indígenas y los derechos de la Naturaleza en las Américas. En el marco de la audiencia de supervisión de cumplimiento de la sentencia del Caso Pueblo Kichwa de Sarayaku vs. Ecuador, celebrada ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Sarayaku y su defensa técnica demostraron el incumplimiento por parte del Estado ecuatoriano, de 3 medidas de reparación integral fundamentales, dictadas mediante la histórica sentencia emitida por la Corte en 2012.

Catorce años después de una sentencia que transformó los estándares jurídicos sobre consulta y consentimiento previo en el continente, Sarayaku volvió a situarse a la vanguardia del pensamiento jurídico y político global al presentar una propuesta que podría marcar un antes y un después en la protección de la Naturaleza y en la lucha contra la crisis climática.

La deuda pendiente:

Durante la audiencia, el Pueblo de Sarayaku evidenció el incumplimiento de tres obligaciones centrales ordenadas por la Corte Interamericana: 

En primer lugar, continúa pendiente la remoción de aproximadamente una tonelada y media de pentolita introducida y enterrada por la empresa petrolera CGC en el año 2002 dentro del territorio ancestral de Sarayaku. Estos explosivos fueron sembrados en 460 puntos a lo largo de más de 25.000 hectáreas de selva amazónica y, hasta la actualidad, continúan representando una amenaza para la vida, integridad, seguridad y espiritualidad del pueblo.

En segundo lugar, se demostró que el Estado ecuatoriano aún no ha desarrollado una regulación adecuada sobre consulta y consentimiento previo, libre e informado que cumpla con los estándares de derechos humanos constitucionales e internacionales. La Asamblea Nacional ha discutido al menos 9 proyectos legislativos sobre consulta previa, 7 de ellos a partir de la emisión de la sentencia emitida por la Corte IDH, sin embargo ninguno ha prosperado. Al contrario, el proceso legislativo ha sido dilatado y poco participativo. Esta omisión mantiene a los pueblos indígenas en una situación de vulnerabilidad frente a proyectos, políticas y decisiones estatales que pueden afectar profundamente sus territorios, sus derechos y formas de vida.

Frente a ello, Sarayaku, bajo su derecho a la libre determinación y derecho propio, desarrolló su propia “Ley Autonómica de Consulta y Consentimiento Previo, Libre e Informado”; vigente y aplicable en su territorio. La misma que deberá ser respetada por el Estado ecuatoriano ante cualquier decision y/o proyecto que pueda afectar directa o indirectamente los derechos de Sarayaku o su territorio. 

Finalmente, el Estado continúa incumpliendo su obligación de garantizar que Sarayaku sea consultado antes de adoptar cualquier medida susceptible de afectar directa o indirectamente su territorio, sus derechos colectivos y su proyecto de vida como pueblo indígena. Desde la emisión de la sentencia en 2012, el Estado ha asignado y concesionado bloques petroleros sobre el territorio ancestral de Sarayaku, sin consultar al pueblo. 

Estos incumplimientos no solo representan una deuda pendiente con Sarayaku, sino también un preocupante desacato a obligaciones estatales derivadas de decisiones jurisdiccionales emitidas Corte Interamericana de Derechos Humanos. 

Una propuesta para el futuro:

Fiel a una trayectoria de lucha que ha contribuido a transformar el derecho internacional durante las últimas décadas, Sarayaku y su equipo jurídico llevaron ante la Corte IDH una propuesta innovadora y profundamente arraigada en su cosmovisión: el reconocimiento jurídico de su territorio ancestral, a quien Sarayaku denomina Kawsak Sacha o Selva Viviente; como un ser vivo, consciente y sujeto de derechos.

Lejos de solicitar compensaciones económicas, el Pueblo de Sarayaku pidió justicia, solicitando que el Estado ecuatoriano reconozca jurídicamente aquello que el pueblo ha protegido y comprendido desde tiempos ancestrales: que su territorio no es una mercancía ni un conjunto de recursos naturales disponibles para la explotación, sino una comunidad de vida donde conviven seres humanos, fauna, flora, ríos, montañas y seres espirituales que mantienen relaciones de interdependencia y cuidado mutuo.

La propuesta presentada por Sarayaku constituye un hecho sin precedentes en la historia del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Sin embargo, si bien es la primera vez que una solicitud de esta naturaleza llega ante la Corte Interamericana, esta propuesta no es nada extraña al ordenamiento juridico ecuatoriano, a la extensa jurisprudencia sobre derechos de la Naturaleza emitida por la Corte Constitucional ecuatoriana o incluso al reconocimiento de la personalidad juridica de elementos naturales por tribunales y organos legislativos alrededor de todo el mundo: Colombia (Río Atrato), Perú (Río Marañón), Brasil (reconocimiento de derechos de la naturaleza mediante la Enmienda a la Ley Orgánica No. 01/2017 del Municipio de Bonito), Nueva Zelanda (Río Whanganui), entre varios otros ejemplos. 

Pero por otro lado, esta es la gran oportunidad de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de implementar sus propios estándares establecidos en la  Opinión Consultiva 32/25 sobre Emergencia Climática y Derechos Humanos, emitida en 2025, donde la la propia Corte Interamericana determinó que el reconocimiento de la naturaleza como sujeto de derechos constituye una herramienta efectiva para enfrentar la crisis climática y garantizar los derechos humanos de las generaciones presentes y futuras (párr.279).

La propuesta de Kawsak Sacha se inserta precisamente en esta discusión global, aportando una visión nacida desde la Amazonía que ofrece respuestas concretas frente a una crisis que afecta a toda la humanidad.  Sarayaku continúa demostrando que los pueblos indígenas no solo defienden sus territorios, si no que también ofrecen alternativas efectivas para repensar la relación entre las sociedades humanas y la Naturaleza.

Hace más de una década, Sarayaku contribuyó a transformar los estándares internacionales sobre consulta previa a los pueblos indígenas. Hoy vuelve a abrir un nuevo camino al llevar ante la Corte Interamericana una reflexión que podría marcar el futuro de los derechos humanos y la protección de la Naturaleza en las Américas: tal vez el desafío de nuestro tiempo ya no sea cómo salvar la Naturaleza, sino cómo salvarnos a nosotros mismos reconociendo que somos parte de ella?

La respuesta de la Corte podría marcar un nuevo capítulo en la evolución del derecho internacional. Pero, independientemente del resultado, el Pueblo de Sarayaku ya ha vuelto a hacer historia, con la dignidad y firmeza que lo caranteriza. 

Escrito por: Cristina Melo, abogada de Derechos Humanos y Derechos de la Naturaleza de Fundación Pachamama.

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